Antón, el jefe de los monos, ha perdido su alegría habitual y anda triste y melan- cólico todo el día. Nadie sabe cuál es la causa de su pesar, hasta que un día Sira y Federico lo explican todo. Hace tiempo, Federico, intrigado porque Sira le dijo que con ese nombre era normal que le gustase la música, va a visitar a Tamara, que da clases en la ciudad, quien le expli- ca que hubo un pianista muy famoso lla- mado Federico Chopin, y le sugiere que asista a un concierto que va a haber en el auditorio en el que tocará un músico muy bueno llamado Pietranovski. Federico intenta entonces convencer a Antón para que vayan al concierto de piano, pero a éste no parece interesarle lo más mínimo.
Como es habitual, Federico, a fuerza de insistir con todo tipo de trucos y trampas, consigue que Antón le acompañe al reci- tal, pero, cuando llegan, descubren que fi- nalmente el intérprete no será Pietranovs- ki, sino su hermana Raskolnikova. En el concierto, embriagado por la músi- ca, Antón se enamora de la pianista, e in- tenta verla a la salida, pero ella ya se ha marchado. Desde ese día, Antón no pue- de pensar en otra cosa. No habla con sus vecinos, ni parece ver a nadie; simple- mente deambula por la noche, con una extraña cara que hace pensar que se en- cuentra poseído por algún ser maligno. Los monos deciden seguirle, para ver qué es lo que hace durante estos paseos, y en- contrar así la causa de su mal, pero lo único que descubren es que camina hasta una colina y allí se sienta, frente a la luna, y la contempla durante un largo rato entre suspiros de enamorado.
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